Introducción


El análisis del cautiverio de cristianos secuestrados por indígenas en violentos malones que atacaban las poblaciones fronterizas, ha permitido ampliar la interpretación respecto del significado de la incorporación de estas personas a la vida de las tolderías. Así, entre otros factores, se ha propuesto que el rescate obtenido a cambio de la devolución de cautivos cuando se realizaban negociaciones interétnicas, posibilitaba el acceso de los grupos indígenas a diversos productos europeos (Socolow, 1988). Por otra parte, el interés de los indios por conseguir cautivas, además de convertirse en concubinas, era su función de instrumento económico, dado el carácter de la mujer como fuente de riqueza (tanto en actividades del ciclo doméstico como del ciclo del ganado) en la sociedad de jefatura. En relación con la diferenciación social de las parcialidades indias, Mandrini (1984) ha señalado que -si bien la poligamia era legítima- sólo caciques y capitanejos podían proporcionarse más de una esposa, ya que para los indios que no pertenecían a la jerarquía militar, el acceso a una cautiva era su única posibilidad de tener esposa.

También se ha afirmado que los indios entregaban cautivos no sólo como transacción con fines económicos, sino como un recurso diplomático, un gesto "casi ritual" (Mayo y Latrubesse, 1998) que pretendía demostrar una actitud favorable hacia la concertación. También se daba el canje de cautivos, capturando una persona en carácter de rehén para recuperar un prisionero tomado por españoles. Además, el cautiverio de cristianos ha sido considerado expresión del conflicto territorial y una estrategia de resistencia de los pueblos indios. Los malones, definidos como una especie de "guerra chica", habrían tenido como objetivo el robo, el saqueo y la destrucción de estancias o establecimientos de la campaña. El cautiverio habría estado asociado a esta guerra intermitente, siendo los cautivos las víctimas de una sociedad en constante negociación por coexistir, además de actuar como agentes del mestizaje étnico y cultural propios de la sociedad de frontera (Operé, 2001).

Villar y Jiménez (2001)1 han analizado las diversas formas que asumió el cautiverio en la región pampeano patagónica. En primer lugar, la captura bi-direccional (cristianos capturados por indígenas y viceversa). Por otra parte, se daban formas de cautiverio intra-étnico, es decir, la abducción de indígenas por otros indígenas, práctica vigente desde antes del siglo XV. Villar y Jiménez analizan esta práctica de captura de personas focalizando en el período colonial, y proponen que en el marco de la situación de contacto fronterizo y en instancias cíclicas de aumento de la fricción inter-étnica, surgieron las condiciones propicias para que los llamados indios amigos se prestasen a capturar Indios de guerra para integrar a las fuerzas de los hispano-criollos.

En esta oportunidad, presentaremos indicios que revelan el sentido de la captura bidireccional de personas y su situación de cautivos o rehenes, como praxis recurrente en las relaciones interétnicas en el espacio social pampeano. No agotaremos la problemática de la apropiación, distribución y circulación de hombres y mujeres en el contexto de fricción interétnica, puesto que se trata de una primera aproximación, un intento por explicitar los signos reveladores de las respuestas étnicas desplegadas por las jefaturas indígenas ante la conformación estatal en el área pampeana. Remitiremos entonces a la consideración de información cualitativa proveniente del discurso primario (partes militares, informes y diarios de expedicionarios) cuya producción y circulación estaba supeditado a razones de estado, en gran parte escritos al mismo tiempo o poco después de los acontecimientos, producidos por participantes implicados, sea en la acción o inmediatamente, como espectadores. El lector observará los "cortes, costuras y puntadas -aquellas marcas de remiendo- que nos hablan acerca del material acerca del cual está hecha y la forma en que este material impregnó el tejido de la escritura"2. Sin embargo, hemos tratado de superar tal sesgo, intentando establecer los indicios, los signos, que permitan superar explicaciones formuladas en términos de historia natural, tales como las que conciben los malones y el cautiverio como estrategias periódicas de crímenes y desórdenes espontáneos de tribus salvajes.