El cautiverio en tiempos del Coronel Rauch


En noviembre de 1826, desde el Fuerte de la Independencia (actualmente, Tandil), el Coronel Federico Rauch informaba que había sorprendido completamente las tolderías de los indios “chilenos” contra quienes se dirigía y que había realizado una matanza de la que sólo un pequeño número había logrado fugar. Rauch y sus tropas avanzaron sobre las tolderías del arroyo de Cuatro Huiqüe y del Cochino:

“...se mataron como 200 indios entre ellos el cacique Cañuquil y el Mulato, cuyas familias se traen, ha quedado en nuestro poder un número regular de chinas y criaturas, libertando muchas cautivas, se tomó mucho ganado, yeguada y pocos caballos, el número de ganado que se reunió siendo más de lo que podíamos arrear en la misma noche se nos disparó mucha hacienda a lo que ayudaron los gritos y ataques que en la misma hicieron los indios en número de 200 o más.” (AGN. S X Leg. 14.3.1. Expedición Rauch) (subrayado nuestro)

Rauch comunicaba que en el Fuerte Independencia habían quedado en su poder muchas cautivas y familias –trescientas personas, entre ellas, la mujer del cacique “Mulato”-, además de ganado vacuno y caballar. Del mismo modo, en diciembre del mismo año, se informaba la existencia de un cautivo “sacado de los toldos”, natural de Chillán1, Francisco Sánchez, preso en el Fuerte Independencia. Desde el Fuerte Independencia, Rauch anunciaba:

“Las cautivas cristianas que se han libertado en el avance, en número de 70 entre grandes y chicas se han despachado de Tandil para las familias, quedando en este fuerte una cautiva chilena, mujer del cacique Mulato con un hijo de esta, según declaraciones de las demás esta mujer que queda enferma es muy a favor de los indios y por este motivo quedó recomendada en carácter de presa al comandante de este punto” (AGN S X Leg. 14.3.1)

Los partes militares emitidos desde los campamentos en campaña informaban acerca de la toma de cautivos indios y su remisión a los fortines. Desde allí, las mujeres y niños prisioneros serían trasladados a Buenos Aires, a disposición del gobierno.

“Se pondrá a disposición del gobierno 142 chinas, entre chicos y grandes. Diez, además de estas se han repartido según la relación que se adjunta por no tener madres que las cuidasen en el camino, al hacer a V.E. esta remesa no puedo menos de poner en su consideración que los jefes y oficiales de esta división, muchos de ellos desean tener alguno de los chinitos, y creyendo justa la solicitud la dirigjo a V.E. (...) El baqueano Molina ha hecho igual petición y creyendole acreedor, le dije que encargare en esta alguna persona que lo hiciese presente a V.E. en nombre suyo. (firmado en Tandil, el 13 de noviembre de 1826, AGN. S X Leg. 14.3.1).

Clases

Nombres

Con grado de Coronel

Don Federico Rauch 1

Teniente Coronel

Don Ambrosio Cramer 1

Comandante

Don Vicente Ramírez 1

Sargento Mayor

Don Francisco Brumier 1

Otros jefes:

Don Mariano Acha 1


Don Nicolás Granada 1

Comandante del Fuerte

Basquez 1

Cabo de Milicia del 2do. Regimiento

Pedro Bega 1

Como respuesta, el Ministerio de Guerra y Marina indicaba que las cautivas, indios y ganados debían ser conducidos y entregados al Comandante de la Guardia de Kaquel Huincul, quien debía disponer su marcha hacia la Capital. Con este fin, las cautivas e indios serían escoltados, previniendo al oficial conductor tomar la más estrecha responsabilidad, para que en ningún caso se desmembre o separe del convoy ninguno de los individuos, incluso los niños, pues todos sin excepción debían ser presentados al Gobierno. En 1826, las instrucciones del Ministerio de Guerra indicaban al jefe de la expedición que el gobierno esperaba que:

“...todas las mujeres y niños, lo mismo que los ganados y caballadas, serán conducidas a disposición del gobierno”. (AGN. S X. Leg.14.3.1. Expedición Rauch).

Como observamos, el Ministerio indicaba que a los “caciques titulados amigos”, se les propondría que entregasen todos los cautivos y cautivas que tuvieran, por lo cual serían compensados por ”los que el gobierno tenía de ellos”, en las cantidades que ellos “racionalmente” pidieran. Entre las instrucciones, se ordenaba a Rauch que en ningún caso debía permitir que quedaran en poder de los “indios amigos”, mujeres ni niños tomados de las tribus destruidas. Estas prevenciones se vinculan a los intereses de los indígenas por controlar la circulación de cautivos obtenidos en las acciones militares en las cuales participaban.

Rauch informaba que había sorprendido completamente las tolderías de los indios “chilenos” contra quienes se dirigía y que había realizado una matanza de la que sólo un pequeño número había logrado fugar. Habían quedado en poder del ejército muchas cautivas y familias –trescientas personas, entre ellas, la mujer del cacique “Mulato”-, ganado vacuno y caballar. Los jefes y oficiales que integraban las fuerzas expedicionarias del Sud se habían repartido indios e indias, criaturas sin madres, argumentando que muchos de ellos “desean tener alguno de los chinitos”. Entre los que habían solicitado quedarse con algún niño o niña se hallaba el baqueano José Luis Molina, quién había sido capataz del hacendado Francisco Ramos Mexía. El itinerario de Molina (trabajador rural en la estancia Miraflores, líder de un malón que asaltó Dolores en 1821, baqueano del ejército al mando de Rauch y, al parecer, colaborador de Rosas más tarde), es indicativa del marco de opciones que ofrecía la conflictiva vida en la frontera2.

Cabe mencionar los fructíferos aportes de Susan Socolow (1987) al analizar la información cualitativa y cuantitativa obtenida en los testimonios de centenares de cautivos recuperados en los tiempos del gobierno de Rosas. Y no podemos dejar de reflexionar en los términos que propone Susana Rotker (1999) al plantear que el silencio que rodea el cautiverio tiene que ver con los lazos de parentesco con el enemigo que habría de ser destruido (el salvaje). El tráfico de mujeres- indígenas y cristianas- revela entonces un intercambio de cuerpos que a la vez crea nuevas relaciones de parentesco. Entre el año 1827 y 1828, el Coronel Estomba3, envió la nómina “de las cautivas sacadas de los indios”, entre mujeres y niños, cuyas edades se consignaban en el listado siguiente:

Mujeres

Edad

Varones

Edad

Sebastiana Castaño

40

Caupohean Godoy

12

Severina Suárez

40

Augusto Horacio

10

M. Salomé Estaray

30

Cicerón Romano

9

Amelia Ramírez

25

José Casal

4

María de los Angeles Guevara

18

Nasario

4

Diana Argentina

18

Rufino Alcalde

4

Saturnina Moreira

18

Plácido Funes

3

Lucía Biscochea

18



Rosa Barras

16



Ramona Pereira

16



Anacleta Paez

14



María Carmona

12



Anita

10



Brígida Vargas

10



Dominga

10



María del Rosario Casal

10



Petrona

9



Venancia Morales

8



Ceres Urbana

6



María Magdalena Ramos

6



Manuela Ruiz

6



Leonarda Varas

5



Petrona Lara

5



Silvia

3



Juana Rosales

1



Desconocemos cuáles fueron los criterios utilizados para seleccionar los cautivos entregados. De todos modos, se ha interpretado que la preferencia de los indígenas hacia las cautivas mujeres combinaba una serie de motivaciones: sexuales, estratégicas y económicas. Sin embargo, también se plantea que en tiempos de guerra, los indígenas preferían capturar varones. También se ha señalado que la mayoría de los cautivos procedía de asentamientos rurales fronterizos, verdaderas "zonas de riesgo" para los habitantes de la campaña. (Socolow, 1987). En el listado de cautivas rescatadas, se consigna el nombre de Petrona Lara, integrante de la familia de don Ramón Lara, quien ha trascendido en la historia regional como fundador de Dolores. Sabemos que en el año 1821 el pueblo de Dolores fue atacado por un malón en el que participaron José Luis Molina y el cacique Ancafilú. Llevaron cautivas a las familias, entre ellas, la de Lara (aproximadamente 17 personas). Una mujer llamada Petrona García (sobrina de Lara) y su hija, fueron conducidas a las tolderías de Ancafilú, y una vez allí, fueron separadas. El resto de los familiares fueron destinados a las tolderías de Pichiman o Pichiloncoy. En 1826, tras cinco años de cautiverio, fueron restituidas por una partida de indígenas que, en represalia, fue apresada por el General Rodríguez4.

El conflicto social en la campaña adquiría nuevas dimensiones, cruzado por los enfrentamientos entre las fuerzas federales (constituidas principalmente por tropas milicianas que repondían a la facción federal encabezada por Rosas) y unitarias (tropas de línea que adherían a Lavalle). Rauch perdió la vida a mano de indígenas en el combate de Las Vizcacheras y en el Napostá, fuerzas indígenas vinculadas al cacique Venancio Coñoepan, atacaron violentamente el Regimiento de Coraceros5 (al mando en esa oportunidad de su 2do. Jefe, Andrés Morel). El ejército, en represalia, capturó familias indígenas enteras. Poco después, según Juan Cornell (1874):

"los indios lamentando el cautiverio de sus familias propusieron al comandante del punto sargento mayor entonces Don Narciso del Valle, un canje de todos los prisioneros en su poder por todas sus familias Montero aconsejó a Valle no se fiara de los indios y como el número de individuos de familia sería lo menos quince por uno de los cristianos prisioneros, pudiera ser por condición de dar uno por uno hasta no dejar ninguno de los nuestros y entregarles el resto. Los indios no admitieron la condición sino que les entregaran sus familias y ellos después entregarían los que estaban en su poder. Valle como lo hizo Morel no desconfió de los indios les envió sus familias, los indios se burlaron después dando muerte a todos los cristianos con excepción de Iturrá que ganó el cuadro cuando lo mandaron de parlamento los mismos indios"6.