Las continuidades


En los tiempos del gobierno de Rosas, el mecanismo del cautiverio permaneció, en especial con jefaturas consideradas "rebeldes". Volvemos a Juan Cornell:

"Los caciques Cañuante y Calfiao situados a siete leguas distante en el Arroyo Colongueyú. Se dijo que se querían alzar y determinaron los dos jefes ya expresados escarmentarlos. Con efecto al amanecer del día siguiente sorprendieron la toldería, mataron a toda la indiada sin escapar sino seis u ocho, entre ellos los dos caciques Calfiao y Cañuante, las familias todas fueron cautivadas y por este hecho de armas se le llama hoy al arroyo, Las Calaveras". 1

El cautiverio interétnico, como expresión de esa violencia –simbólica y física- no cesó hasta bien entrado el siglo XIX. En los años ´60 de esa centuria, persistían las dificultades de los agentes gubernamentales de la frontera para controlar la captura de haciendas y personas por parte de los grupos indígenas. La permanencia en tierras “fronterizas” era estratégica para los indios, puesto que desde allí, podían ejercer el intercambio de productos con los pobladores rurales de la campaña, comercio que los funcionarios definían como clandestino:

“Las haciendas que los indios gauchos se llevan, las pasan a Chile, o las matan y traen luego a vender los cueros en nuestra misma frontera. Es decir, lo que nos roban hoy, matando a nuestros hombres y cautivando a sus mujeres e hijos, nos lo traen a vender al día siguiente, sin excluir las cautivas". (subrayado nuestro)

Por su parte, el ejército continuó implementando el cautiverio de indígenas como estrategia represiva fundamental. En 1879, el senador Domingo Faustino Sarmiento criticaba la campaña al Río Negro, restándole trascendencia y desestimando el número de prisioneros. En respuesta, el senador por Santa Fe, Manuel de Pizarro, partidario de Roca (posteriormente, Ministro de Instrucción Pública de su gobierno), especificaba el destino dado a los indios prisioneros o sometidos:

"Pregunte a los señores senadores de Tucumán cuántos hay hoy en aquella provincia Puede el señor senador revisar en nuestros cuerpos de línea, cuántos indios salvajes, perturbadores del orden público, están hoy convertidos en elementos de orden, en elemento de paz, fraternizando con el soldado de quien eran ayer el mayor enemigo y vistiendo en vez del chiripá, el uniforme de nuestro ejército; se encuentran por centenares. Puede preguntar a nuestras familias cuántos indios de chusma se encuentran en el hogar de cada una, confundidos con los demás miembros de ella, y cuántos otros se encuentran diseminados en diversos puntos, en Martín García y otros, y se va a encontrar que el número es exacto. Este es el resultado de la campaña."2