Consideraciones breves sobre la historia indígena pampeana

Pensar la historia de la región pampeana nos remonta a un tiempo milenario, hacia finales del Pleistoceno. Once mil años han transcurrido desde la llegada de los primeros grupos humanos al territorio pampeano. En aquel tiempo, los paisajes de praderas, serranías, y costas presentaban características diferentes a las que podemos percibir hoy. Especies extinguidas de mega-fauna, grandes herbívoros como gliptodontes, caballo americano, megaterios, y otros animales, tenían su hábitat en estas tierras.

Entonces, las comunidades de cazadores, recolectores y pescadores que vivieron en estos territorios, se organizaban en pequeñas unidades sociales vinculadas por lazos de parentesco. Esos grupos sociales se relacionaban con comunidades que ejercían su territorialidad en otros espacios geográficos, con quienes intercambiaban alimentos, materias primas, compartían conocimientos, celebraban rituales, establecían alianzas. Miles de años de historia humana en estas tierras, de organización y planificación de itinerarios, de búsquedas para la subsistencia, para obtener abrigo, protección, refugio.

Durante ese proceso de desarrollo histórico, las sociedades originarias establecieron relaciones de solidaridad y cooperación, generando lazos de identificación con los territorios y las comunidades a las que pertenecían. Las huellas de aquél pasado quedaron plasmadas en las pinturas rupestres, en la talla de las piedras, en sitios de alta antigüedad que han quedado como testimonio de aquella historia. Gran parte del conocimiento que se produce sobre estas antiguas sociedades, proviene de las investigaciones arqueológicas, que tienen el propósito de comprender y explicar la realidad social del pasado, a través del análisis de restos materiales que han quedado como evidencias de las relaciones que los seres humanos establecieron entre sí y del marco ambiental en el que desarrollaron su experiencia histórica.

Los avances científicos permiten que los investigadores accedan al conocimiento de situaciones ocurridas hace milenios, y de ese modo, se establecen rupturas con muchas ideas falsas que circulan todavía, como resultado de una gran ignorancia acerca del pasado americano. Muchas distorsiones, omisiones y fantasías rodean la percepción social de la historia de los pueblos originarios en tiempos previos a la conquista. El eurocentrismo, con su sesgo racista y evolucionista, ha sido el marco ideológico que le asignó a las sociedades nativas americanas un lugar inferior en la historia de la humanidad. Desde esa forma de representación de las diferencias sociales, los Estados que desplegaron sus políticas de dominación imperial, fueron colocados en el lugar de la civilización, del avance, del progreso, y el resto de los pueblos del mundo (América, Asia, África, Oceanía) pasaron a formar parte de lo que se concebía como salvajismo o barbarie.

El etnocentrismo se basó en unos criterios arbitrarios que se establecían para detectar cuándo había progreso o superioridad, y cuándo atraso o inferioridad. El desarrollo desigual de las fuerzas productivas se consideró entonces como el eje que definía quién era superior, quién estaba en un nivel de inferioridad en la escala evolutiva. Desde esta visión, es muy frecuente que se considere la historia de los pueblos originarios como carente de toda relevancia y significación social, política y cultural.

La concepción ideológica eurocéntrica, todavía hegemónica en nuestra cultura, se impuso a través de siglos de dominación, negando, subestimando, estigmatizando las manifestaciones culturales de los pueblos indígenas americanos. Su permanencia se comprueba en las representaciones sociales que circulan cuando hay que definir lo que se entiende por “indio”.