Dominación colonial y pueblos indígenas en el territorio pampeano

Esa forma de pensar la alteridad hace que muchas personas consideren que los conquistadores europeos poseían una cultura avanzada, y que por eso lograron dominar a los pueblos indígenas. Esta manera, simplista de pensar el pasado, no contempla la complejidad inherente a cualquier situación histórica de dominación social. Y, lo que es peor, niega los procesos de desigualdad generados por la imposición de los intereses de los grupos dominantes. O los justifica, atribuyendo una mayor capacidad cultural a las naciones de Europa occidental.

Desde el inicio, el encuentro entre europeos e indígenas fue conflictivo. Los recién llegados venían con su interés de conquistar el territorio, para obtener, principalmente, metales preciosos o bienes que pudieran ser comercializados en los mercados de ultramar, organizando sistemas de explotación de la fuerza de trabajo indígena. La fundación de asentamientos permanentes, pueblos, ciudades, fue la estrategia imperial para establecer comunicación en todo el territorio americano, a fin de facilitar intercambios, controlar la mano de obra de los pueblos indígenas, organizar un sistema económico, político y cultural en el territorio que incorporaban como colonia del Imperio Español.

Para referirnos a los europeos y la empresa de conquista, hemos desestimado el término blanco, dado que esa designación remite a un aspecto superficial -un rasgo físico como el color de la piel- que reproduce un criterio racista. Por esta razón, adoptamos la categoría cristiano, dado que en el discurso de los agentes militares, gubernamentales y religiosos, la ideología étnica de quienes se identifican y asumen su pertenencia al mundo de la cristiandad, valorizan su propia cultura como superior, civilizada, enfrentada a la de los indios infieles.

La producción de una forma eurocéntrica de conciencia planetaria o “global”, mantiene vigencia en el pensamiento occidental. Este relato y las imágenes que presentamos, se orientan a descolonizar el conocimiento de la historia y las relaciones humanas, en un intento por proponer nuevas formas de mirar y de comprender el tiempo y el espacio desde una perspectiva atenta a las relaciones de dominación impuestas sobre los pueblos indígenas americanos.

Pensar esta historia desde un abordaje dialéctico e historizado, nos incentivó a trabajar el concepto de zona de contacto, para referirnos al espacio de la frontera colonial, donde se dan encuentros entre personas separadas geográfica e históricamente, que entablan relaciones duraderas, en condiciones de coerción, inequidad y conflicto, en un contexto de relaciones de poder marcadamente asimétricas (Pratt, 2011).