Corrigiendo a los infieles: evangelización y comunidades indígenas en la pampa

Para lograr la conversión al catolicismo, los sacerdotes recurrían al ceremonial religioso y para favorecer el acercamiento y la comunicación, también acudían a otras estrategias, como el reparto de yerba y tabaco. El castigo físico era otro de los medios utilizados para lograr comportamientos que se adecuaran a las expectativas de los sacerdotes.

Desde la misión del Pilar, el jesuita Strobel manifestaba a Rejón que algunos indios aucaes trabajaban, pero que, del mismo modo que los pampas antes de que se utilizara el cepo, lo hacían los días que ellos querían y descansaban, también, cuando querían. También informaba que un tal Pablito Massiel había proveído a Canilem, un indio serrano, de aguardiente, e indicaba que se le solicitara a Pablito Massiel que dijera quién era el pulpero o estanciero que lo proveía, y que si no lo confesaba, se utilizara el cepo y se descomulgara a los responsables para ecarmiento de los demas.

El consumo de aguardiente por parte de los indios obstaculizaba seriamente la tarea de evangelización, cuestión que se sumaba a las prácticas que los jesuitas denominaban hechicerías. Además, los sacerdotes proponían un modelo correctivo de modos de vivir, que concebía los comportamientos de los indios como paganos, inmorales y peligrosos. En noviembre de 1748, el misionero Strobel, escribía desde el Pilar al sacerdote Gerónimo Rejón (que permanecía en la reducción de Concepción): “…llegó acá Juancho Manchado; vendió bastante aguardiente y el fruto que de esta borrachera sacamos, ha sido que un indio borracho por poco nos hubiera quemado nuestra vivienda; había arrimado ya un tizón ardiendo a la paja del techo; y por las pendencias y cuchilladas, que han tenido entre sí, se nos han ido dos toldos, que todo el año han estado con nosotros”.

La monogamia era otra de las pautas que los jesuitas intentaban establecer. Strobel manifestaba que le había encargado en repetidas oportunidades a un indio llamado Gregorio para que volviese con su mujer, que era muy común que los dos integrantes del matrimonio no entendieran que era necesario que ambas partes tuvieran mucha paciencia, ya que “no se han casado con un ángel impecable” [ii].

Entre los argumentos de vecinos que se oponían a la presencia jesuítica al sur del Salado, se señalaba que los indios asistían a misa porque eran obligados por el sargento. El cabo de escuadra Aparicio afirmaba que aunque los sacerdotes intentaban sujetarlos, no lo habían logrado porque los indígenas no vivían como cristianos, y que para que asistieran a misa a rezar y oír la práctica todos los días era necesario que el misionero vaya con la cruz y el cabo con soldados y que aún así, no se conseguía nada, porque la mayoría de ellos o se iban al monte o antes de acabarse la misa, ya habían partido.

“He bautizado en 2 días 59 niños; ya no me les mezquinaron sus padres, como antes solían” “Con la canalla de hechiceros estoy todavía peleando; les creen más a estos embusteros que no a nosotros, y es menester especialísima gracia de Dios para alcanzar victoria en esta materia”[ii]

Otro testimonio indicaba que habían oído a tres muchachas indias contar que el padre Matías en la Reducción del Volcán les “había lavado la cabeza”, y que para esto les había dado pasas y bizcocho, que las instruyó en la doctrina y las bautizó. Pero, luego, se fueron otra vez con los infieles [ii].

Los indios, entonces, percibidos como parte de ese mundo imposible de controlar y de sujetar a las leyes sagradas. Su amplia movilidad, las intensas relaciones con sectores considerados marginales y de mal vivir, generadas a partir del intercambio de aguardiente, ponchos, artículos de cuero y ganados, hacía improbable la sujeción de los indios de la pampa al sistema reduccional.

Expresaba Cardiel: “Todos estos indios pampas, serranos del Vulcán, serranos de las cabezadas del Sauce, y Aucaes vienen continuamente a Buenos Aires, no obstante la larga distancia de 300 leguas en que están algunos con la comunicación. Saben mucho la lengua española y con ella han aprendido todas las malas costumbres de la gente de servicio, negros, mestizos, mulatos, con quienes más tratan, dejando de aprender las buenas, que ven en los hombres de bien, por lo cual se hacen inconvertibles.”[ii]

Estas estructuras de piedra, llamadas por los lugareños "corrales de indios", son enormes construcciones que probablemente están vinculadas el control de ganados en el ámbito serrano de Tandilia. Sabemos que las sociedades indígenas generaron estrategias basadas en el control y usufructo de los pasos, rutas y pasturas del área pampeano-patagónica. La cría y engorde de ganados, constituyó una actividad fundamental en la región, que constituyó un núcleo de especialización pastoril.

La presencia del cacique Bravo y de parcialidades étnicas procedentes de regiones del este cordillerano en la pampa húmeda o en las serranías de Tandilia o Ventania permite distinguir la movilización de las poblaciones indígenas y la organización de expediciones para capturar haciendas y ejecutar intercambios. El asentamiento de pehuenches, tehuelches, aucaes y otros grupos en el sector aledaño a las reducciones, implicaba el desplazamiento de la población, la permanencia en la reducción durante unos meses y el traslado al territorio norpatagónico. Pensamos que las jefaturas indígenas tendieron a diversificar sus funciones mercantiles, actuando no solo como receptores de ganados, sino organizando el trabajo indígena para explotar directamente el área de captura de hacienda y enviando partidas de mercaderes de la parcialidad a ejecutar los intercambios mercantiles para captar los excedentes derivados de ese comercio.