Un bandolero llamado Mustafá

En Bahía Blanca, donde aparentemente comenzó su actividad delictiva, se lo conoció como José Mustafá, y con el seudónimo de Neura Mustafá. También se lo apodaba como “El Tejedor”, dado que entre las particularidades que rodeaban la fama del bandido, se señala su costumbre de tejer medias con agujas de acero. También fue conocido como Alí Mustafá o Pedro o Luis Mustafá Parri alias “Martín Fierro”.[1]

La entrada de Mustafá en escena pública con un hecho delictivo de magnitud, fue durante el año de 1920. En ese año se lo acusó de haber robado alhajas por valor de 30.000 pesos, en una joyería de Tres Arroyos. Mustafá fue apresado por este robo, condenado y trasladado al presidio de Sierra Chica, en Olavarría. Al ser apresado aparentaba una edad de treinta y cinco años. Su apariencia física –tenía una cicatriz en la frente y tres puntos azules formando un enigmático triángulo, tatuados en las sienes– y los relatos sobre su personalidad lo tornaban exótico y atractivo a la curiosidad de los lugareños.

El relato señala que en el transcurso del traslado, Mustafá logró fugarse, escapando del tren cuando éste llegaba a Dolores. Así fue como, buscando abrigo y protección en las serranías, Mustafá adquirió fama como bandido en la comunidad balcarceña. El robo, la desaparición del botín y la fuga de Mustafá hicieron que el personaje se tornara digno de admiración y temor.

La noticia circuló a través del periódico local en 1923 y ha sido reproducida desde entonces, como parte de la tradición lugareña, en publicaciones especiales de El Liberal de Balcarce. La recreación de la historia ha continuado vigente, en gran medida a través de la obra literaria de Jorge Dágata, Sucedió en el Valle[2], novela destinada a lectores adolescentes, ficción que enhebra fantasías, información periodística y tradiciones orales.

Que Mustafá escogiera para sus correrías el partido de Balcarce no fue una elección al azar. Los turcos u otomanos conformaban una importante comunidad dentro del partido. Allí convivieron sin sobresaltos con los criollos, franceses y la mayoría inmigrante de españoles e italianos. En octubre de 1926 se fundó en Balcarce la Sociedad Otomana de Socorros Mutuos, impulsada por inmigrantes turcos afincados en Balcarce donde se dedicaban tanto al comercio como a actividades rurales “... gozando de las simpatías generales por el orden de su vida en general, su modestia y tolerancia, poseyendo todos en mayor o menor escala un pasable bienestar, contando algunos de ellos con fuertes capitales en el orden comercial.”[3]

Una entrevista realizada a una descendiente de la comunidad en Mar del Plata nos informa acerca de sectores subalternos provenientes de esos orígenes llegados del campo con motivo de las obras del puerto de esta ciudad iniciadas en 1911:

"En el país había gran cantidad de sirios libaneses, muy trabajadores, trabajan en la campaña, en las cosechas, pero cuando terminaban se quedaban sin trabajo cuando se enteraron de la empresa que iba a construir el puerto se trasladaron enseguida, sobre todo porque se trataba de un trabajo permanente, al desconocer el idioma muchos de ellos les hacían hacer las peores tareas. Trabajaron de buzos, de picapedreros.[4]

El testimonio nos indica cómo estos trabajadores eran afectados por la estacionalidad marcada de las tareas rurales, que dejaba a su suerte a aquellos desprovistos de medios de producción en momentos en que no se realizaban la yerra, castración, parición, siembra y cosecha, es decir los picos de requerimiento de fuerza de trabajo en el campo. No es descabellado suponer que el bandolerismo fuese una actividad de baja temporada laboral adoptada para sostenerse en momentos en que el empleo menguaba, al menos, en un sector reducido de los trabajadores rurales.

En este medio, Mustafá fue calificado por la prensa como “amo y señor de la serranía” durante tres años y definido como “Un hombre audaz y hecho a toda clase de aventuras, cuya presencia llegó a infundir tal pánico que bastaba su llegada a cualquier rancho para que inmediatamente fueran satisfechos sus deseos e imposiciones sin chistar, no animándose nadie a denunciarlo por temor a su represalia”.

La crónica periodística contrasta con el relato de …., quien a sus 85 años rememora recuerdos de infancia:

“Los que lo conocían eran los peones. La gente humilde era adoración que tenía, lo protegían en los ranchos…Lo iban protegiendo, lo iban cuidando porque no era una mala persona”.

En el Suplemento publicado en ocasión del 50 Aniversario de El Liberal de Balcarce en el año 1971, encontramos referencias claves para entender el contexto en el cual se construyó la imagen mítica del bandido Mustafá. Según la crónica periodística, Mustafá fue apresado luego de treinta meses de permanencia en la sierra La Larga, donde había cometido diversos delitos que atemorizaban a los pobladores rurales.

“La policía estaba con los conserva”

En septiembre de 1923, la policía había recibido informaciones que localizaban a Mustafá en la casa de unos turcos, situada en el cuartel 9º cerca de la sierra La Larga. El comisario Hegoburu, el oficial Verón, los agentes Rivas y Mercado, siendo ya de noche, llegaron hacia el lugar, en el cual se levantaban viviendas ocupadas por labradores turcos. Allanaron algunas habitaciones y al aproximarse a uno de los ranchos, salieron algunos individuos en una presunta actitud de huida, que despertó las sospechas de los policías, por lo cual fueron intimados a detener la marcha, amenazados con armas e interrogados sobre el escondite de Mustafá.

Uno de esos individuos señaló la puerta del rancho de donde acababa de salir, y allí se dirigieron el comisario y el oficial, localizando a Mustafá, quien empuñaba un revólver en cada mano. Le pidieron que se rindiera, contestó que no “pues sabía que lo iban a matar”. Como modo de persuasión, el oficial Verón arrojó una de sus armas al suelo, logrando que Mustafá se desprendiera de sus dos revólveres.

Mustafá fue apresado y la comunidad otomana evitó que fuera expuesto en una jaula a la vista del público. Sin embargo el hecho concitó la curiosidad del poblado y la información periodística señala que tres mil vecinos concurrieron a la comisaría donde estaba preso Mustafá. Tres días después, Mustafá se escapaba, nuevamente.

El bandido había prometido a sus captores que iba a indicarles los lugares que había utilizado como refugio, sitios en los cuales había ocultado buena parte de lo obtenido mediante sus robos. La policía lo trasladó hacia la sierra, y el anochecer sorprendió al reo y los agentes de seguridad, entre un fuerte viento y dificultades propias de la marcha en la topografía serrana. La distracción de un custodio, afirma la crónica, posibilitó que Mustafá lograra liberarse de su custodia.

Tras diez meses, Mustafá era apresado, nuevamente, por el Comisario Alcides Calvento Rouquaud, en inmediaciones de la “Sierra del Benteveo”, mientras caminaba hacia el paraje Ojo de Agua.[5] Carlos Segura estima que esta vez la captura de Mustafá fue definitiva, dando muerte “...a quien la leyenda en vida lo había catalogado como un nuevo Robin Hood, leyenda que duró muchos años...”.[6] Sin embargo, en el número aniversario de El Liberal aparece Mustafá posando vivo en una fotografía acompañado del Comisario Rouquaud, mostrando el vuelo que la historia del bandido había tomado en la memoria de los memoriosos.

Los componentes de la narración periodística surgen, una y otra vez, recreados en el folklore local. Mustafá es famoso por su audacia, su espíritu aventurero, su carácter rebelde, valiente y hábil para sobreponerse a las condiciones de vida que debe llevar en su calidad de fugitivo.

Si bien no hay información medianamente fehaciente acerca de sus últimos días, lo cierto es que su figura parece desaparecer de la esfera pública luego de estos hechos.


[1] Son innumerables los testimonios en los cuales los inmigrantes perdían su apellido y en muchos casos también su nombre al ingresar al país durante el aluvión inmigratorio. Este último seudónimo, sin embargo, remite a la identificación recurrente del bandolero con el estereotipo construido del gaucho, como destaca en su trabajo Hugo Chumbita.

[2] Dágata, Jorge, 1988. Sucedió en el Valle, Ed. Colihue. Bs. As.

[3] Cabot, R. Referencias Históricas sobre la creación del partido de Balcarce y pueblo de San José de Balcarce, Balcarce, 1927, p.218.

[4] Entrevista nº34, Museo del Hombre del Puerto, Mar del Plata.

[5] El Liberal, 50º Aniversario.

[6] Segura, C. “Historia y leyenda de Alí Mustafá” en Memoriosos de la Provincia de Buenos Aires, s/f.